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ArTepito, la otra cara del ‘barrio bravo’

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Este colectivo artístico busca mostrar otras opciones a niños y jóvenes de esta colonia.

En el “barrio bravo” de Tepito no sólo existe mercado negro de fayuca, trasciego de droga o delincuencia, también hay una identidad de gente trabajadora y una incipiente creación artística y cultural.

Para mostrar esa cara tepiteña se conformó hace diez años el Colectivo ArTepito, con los artistas plásticos: Ariel Torres Ramírez, Oscar Delgado Olvera, Arturo García y Jazmín Valkiria.

Este colectivo forma parte de los grupos culturales que nacieron en este barrio emblemático de la capital: Tepito Arte Acá, con el muralista Daniel Manrique, Francisco Zenteno, Daniel Bern Armando Ramírez y el dramaturgo Virgilio Carrillo, quien actualmente lleva obras de teatro a las vecindades; Los Olvidados de Tepito, grupo literario de la Peralvillo, que editó el libro “Tepito Crónico” con escritores del barrio; Red de Espacios de Tepito, del maestro Arévalo, que rescató la esquina Eje 1 y Vidal Alcocer, para realizar actividades culturales donde antes se consumía droga.

Y es que ArTepito no sólo trabaja dentro de los linderos del barrio, sino que trasciende sus fronteras enseñando sus disciplinas artísticas en otras demarcaciones de la Ciudad de México, diversas escuelas y universidades del Estado de México y comunidades zapatistas de los Altos de Chiapas.

Nació un mayo de 2006 tras una exposición colectiva realizada en el Centro Cultural Lagunilla-Tepito-Peralvillo y a partir de una exposición colectiva, Marco Ramírez les invitó a inaugurar el festival cultural “Viva mi barrio que transita por mis venas”.

“La influencia no sólo es de Daniel Manrique, sino también de artistas como Julián Ceballos alías “Casco”, un excelente pintor de caballete y restaurador, que no era tan conocido; ellos son algunos de los que nos impulsaron en vida a que no desaparezca la cultural de Tepito, por ello tratamos que se mantenga el aspecto cultural del barrio”, explicó Ariel Torres.

Talleres, pláticas y murales en paredes de calles y unidades habitacionales de Tepito son algunas de las intervenciones culturales que han hecho dentro del “barrio bravo”.

“Una de las finalidades del hacer el colectivo es que la gente conozca la otra cara del barrio, porque la gente se va con la finta que muestran los medios de comunicación amarillistas: Tepito es fayuca, comercio y drogas, que son problemas de muchas partes de la ciudad.

“Rescatar lo que se hace culturalmente dentro del barrio y mostrar que existe un movimiento, por ello la mayoría de los talleres se imparten fuera. La gente pregunta si es posible que exista un grupo cultural con nuestras características en Tepito, pero eso sirve para demostrar que hay otra gente con otras opciones en Tepito”, declaró Torres, quien no sólo es pintor y muralista, sino un experto en modelado en plastilina.

Enfatizó que sus actividades dentro del barrio se enfocan más a la población vulnerable como son los niños y los adolescentes, porque los adultos es difícil que valoren el arte o cambien su manera de ser, por eso han hecho talleres para la prevención del delito o participado en programas para que los niños vean otra realidad fuera de las drogas.

Una de las unidades habitacionales más emblemáticas de Tepito: La Fortaleza –por su estructura que tiene cuatro entradas y cuatro salidas–, fue intervenida por ArTepito, gracias al programa Red de espacios de la ciencia en Tepito, donde participan académicos de varias organizaciones.

Torres Ramírez detalló que ahí hicieron 15 murales: ocho en el interior y siete afuera.

Otro de los espacios donde han pintado son Los Palomares, famosos por los murales que el maestro Manrique plasmó.

“Ahí trabajan chavos con La Escuela de Paz, enseñan a los niños la filosofía de Mahatma Ghandi. Estaban pintando una Virgen de Guadalupe y al estar pintando se acercaron los niños y pidieron pinceles para ayudarme; es una pared de 10 metros y me dieron todo el espacio”, rememoró mientras mostraba el mural.

Esta pieza artística, junto con las de Manrique, son las únicas que los grafiteros han respetado. Se conforma por el retrato de la Virgen María y Ghandi; figuras de la cultura prehispánica representada con una dualidad azul y amarilla que representa las doce horas que hay entre México y la India, explicó Torres, y el equilibrio se lo dan los edificios del país indio y otros de Tepito para reafirmar la identidad de los niños.

Por su parte, el escultor Oscar Delgado nos recibió en su puesto de ropa al lado del Metro Lagunilla, entre patrullas y centenas de gente que buscaba productos entre los puestos. Tímido nos observaba mientras tallaba de mala gana –por un dolor de muela– un cuerpo femenino en un tronco de madera.

“La intención es mostrar que los tepiteños somos diversos y habemos varios que tenemos ganas de plasmar arte”, indicó mientras mostraba las características de su pieza que próximamente expondrá en Xochimilco.

Compartió que a la mayoría de los tepiteños, como de los ciudadanos, no les interesa mucho el arte, e incluso él es autodidacta con ganas de aprender y compartir su talento, pues pese a que es un poco apático, se esfuerza por enseñar e impartir talleres con su colectivo.

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