20 de Septiembre de 2017
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¿Qué hace el Gobierno Japones ante los altos indices de suicidio?

La muerte autoinfligida o suicidio es un aspecto histórico de la cultura japonesa, pero, ¿Son eficientes las políticas públicas del Gobierno para evitarlo?

El suicidio en Japón por el exceso de trabajo es una práctica muy común, sobre todo en las estaciones del metro o en las vías ferroviarias. De acuerdo a datos del gobierno nipón, este país registra una escalofriante tasa de más de 30.000 suicidios al año, lo que representa unos 2.500 al mes o más de 80 cada día.

En 2015, más de 2 mil 159 japoneses se mataron por causas relacionadas con el empleo; 675 de ellas por estrés laboral. A este tipo de muerte en japón se le denomina ‘Kiroshi’.

A consecuencia de los altos índices de muertes por suicidio el Gobierno japonés puso en marcha la campaña  “Premium Friday” que tiene como objetivo acabar con el exceso de trabajo permitiendo la salida de los empleados una hora antes del horario establecido, el último viernes de cada mes.

Autoridades en materia de derecho laboral niponas dieron a conocer un informe que señala que casi una cuarta parte de las empresas reconoce que sus trabajadores pueden llegar a trabajar más de 80 horas al mes.

Yamaori Tetsuo, un especialista en historia de las religiones y exdirector del Museo de Historia Nacional de japón, considera que es importante entender que la cultura japonesa es una cultura milenaria en la que la muerte ha formado parte elemental de su espiritualidad a través del tiempo.

Para Tesuo, la relación de las personas con la geografía en el japón actual, resguarda la relación del habitante con la muerte, la cual en japonés significa Jisatsu.

El archipiélago japonés está estructurado en tres estratos. Alberga una sociedad de bosque y de montaña, una sociedad agraria en torno al cultivo del arroz y una sociedad industrial moderna.

Hay que recordar que antiguamente el código de guerra de los samuráis estaba fuertemente relacionado con el honor. Para ellos el suicidio o ‘Harakiri’, acto que consistía en sacarse las entrañas, era preferible que quedar en manos del enemigo.

En algunas regiones de japón, la muerte como factor cultural aún conserva su carga espiritual y religiosa a consecuencia de la influencia de distintas doctrinas como el budismo, pero en la ciudades y en zonas altamente urbanizadas, dicha práctica se ha resignificado ante los embates de una sociedad moderna e industrializada.

Esta mentalidad o habitus cultural de japón quedó demostrada durante la Segunda Guerra Mundial, cuando miles de pilotos realizaron misiones suicidas, bajo una idea interiorizada desde tiempos dinásticos: ‘Jusshi Reisho’ que en español quiere decir sacrificar la vida’.

La concepción de la muerte en la cultura japonesa ha cambiado profundamente  a través de la historia como consecuencia de la industrialización y la concentración de la población en áreas urbanas. De una muerte comunitaria y religiosa pasó a ser una cuestión de carácter personal e individual.

Así lo afirma el médico nipón Katoo Shuuichi, en su artículo El Concepto de Muerte en Japón.

Los países altamente tecnologizados e industrializados, con fuertes tendencias hacia el consumismo, a la producción masiva y a la estandarización de los productos traen consigo una modificación en la forma de concebir la muerte.

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Las estadísticas sitúan a Japón entre los países con mayor tasa de suicidio por lo que el Gobierno ha decidido tomar medidas para reducir las alarmantes cifras.

Ante tal situación surge una duda ¿El gobierno japonés tomará en cuenta los aspectos culturales, psicológicos y religiosos que conforman la actitud de sus ciudadanos hacia la muerte, a la hora de diseñar y poner en marcha políticas públicas para reducir la tasa de suicidios?  

Una de las medidas implementadas es colocar carteles que exalten el valor de la vida en lugares estratégicos como cajeros automáticos, dirigidos a  personas que atraviesan problemas económicos y acudan a las máquinas para retirar sus últimos ahorros.

Campañas a través de los medios de comunicación que animen a los ciudadanos a preocuparse por el bienestar común, colocación de botones de emergencia y poner barreras en las estaciones para que las personas no puedan arrojarse a las vías son algunas de las medidas que tanto el Gobierno, como empresas privadas han puesto en marcha en Japón.

Algunos templos budistas también han ofrecido ayuda a los desperados, abriendo al público líneas telefónicas para que puedan llamar y desahogarse, e incluso existe una organización llamada ‘Reunión de Redes por la Vida’ la cual realiza varias actividades para lograr disuadir a los suicidas, entre ellas conferencias y eventos en las estaciones del metro en las que se se intenta dar una salida ante la desilusión y la soledad.

Quizá los políticos y las empresas japonesas interesadas en el ‘bienestar’ de la población, están olvidando los componentes culturales que por siglos han conformado la concepción de la muerte en Japón.

Tal vez el interés con el que realizan sus estrategias para reducir los índices de suicidio no contemplan las contradicciones de vivir en una sociedad compleja, milenaria, espiritual, que ahora enfrenta una problemática de salud pública.

Japón es la tercer economía más fuerte a nivel mundial, después de los estados unidos y China, sus avances tecnológicos y su industria manufacturera lo colocan como un país desarrollado y como un gran exportador, sin embargo la riqueza generada queda en manos del 5 % de la población de acuerdo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

La ética del trabajo duro en japón y su relación con la explotación laboral moderna podrían dar nuevas luces para hallar soluciones no sólo en ese país, sino en muchos otros en donde el debilitamiento de los estados de bienestar, la automatización, la falta de oportunidades y la concentración de la riqueza en manos de unos cuantos ha erosionado la confianza y la calidad de vida de los ciudadanos, siempre y cuando no se olvide un elemento fundamental, la cultura y los hábitos psicológicos de una nación.  

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