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Fidel Castro y México, una relación a toda prueba

FIDEL CASTRO

El 26 de noviembre de 1959, Fidel Castro partió desde Veracruz rumbo a Cuba a bordo del yate Granma

Conocer a alguien únicamente por su nombre, se da en muy contados casos. Uno de ellos, tal vez el más cercano a los latinoamericanos, es el de Fidel.

Basta mencionar las cinco letras de ese nombre, para que de inmediato acuda a la memoria la icónica imagen del barbado gigante vestido de perenne uniforme verde olivo, que encabezara la Revolución Cubana. 

La relación del Comandante Fidel Alejandro Castro Ruz y México, nació antes de antes de que el legendario guerrillero encabezara el derrocamiento de Fulgencio Batista el 31 de diciembre de 1959; tal vez desde que apareciera en la vida pública de la Isla como integrante del Partido Ortodoxo y poco después formara parte del fracasado ataque al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953.

Tras su encarcelamiento y posterior indulto, Fidel Castro fue liberado en mayo de 1955 y dos meses más tarde arribó a México en un vuelo comercial que tras varias escalas, llegó a Veracruz, desde donde viajó por tierra a la capital mexicana, sin conocer a nadie.

El propio Fidel narra en su libro autobiográfico “Guerrillero del tiempo”, que las primeras impresiones que recibió fueron la hospitalidad y el nacionalismo de los mexicanos.

“Eran evidentes dos cosas: el orgullo por la revolución y un sentimiento de hostilidad hacia Estados Unidos, mucho más grande que el existente en Cuba”.
México lo arropó y lo adoptó, a pesar de las duras condicione de los propios mexicanos, que hicieron cambiar su primer objetivo de pedir apoyo popular y recaudar fondos para su revolución.

Fue también en México donde conoció -en la casa de María Antonia González, en las calles de Emparán, de la colonia Tabacalera-, a Ernesto Guevara de la Serna, “El Ché”.
Con esfuerzos y la ayuda de cubanos residentes en la isla, Fidel y sus hombres se prepararon para retornar a su tierra y liberarla del dictador.

Estirando los exiguos recursos, los guerrilleros se las arreglaron para conseguir armas mientras se adiestraban en lugares como el campo Los Gamitos, por el rumbo de Santa Fe, donde se hacían pasar como aficionados al deporte del tiro al blanco.

El Estado de México acogió a los revolucionarios que se entrenaron en faldas del Nevado de Toluca, así como en el rancho Santa Rosa, ubicado en la zona montañosa de Ayotzingo, en Chalco, elegido por su parecido con la Sierra Maestra cubana.

Fue estos lugares además de una finca al norte de Tuxpan, Veracruz, donde “los barbudos” se prepararon para derrocar a Fulgencio Batista.

Fidel Castro, por su parte, se encargaba además de alimentar el fuego rebelde, junto con su hermano Raúl -actual presidente de Cuba- y “El Ché”, con quien desde su primer encuentro, sus coincidencias los unieron, el militante argentino fue designado médico del movimiento, por haber realizado estudios de medicina.

Sin embargo, y a pesar de las precauciones y sigilo con que comportaban, el Comandante sospechaba que Batista hubiera logrado infiltrar a la policía mexicana.

Los temores de Fidel no eran injustificados: el 20 de junio de 1956, al salir de una reunión en una casa de seguridad, Fidel Castro, “El Ché”, Ramiro Valdés y otros integrante del grupo fueron detenidos por agentes de la Dirección Federal de Seguridad, a cargo del entonces capitán Fernando Gutiérrez Barrios, en las calles de Mariano Escobedo y Kepler en Polanco.

Al respecto, el Comandante escribió en su biografía:

“Un auto frenó ruidosamente y de él se bajaron varios hombres. Me puse detrás de una columna para impedir lo que parecía un secuestro. Suponía a Ramirito detrás de mí y fui a sacar una pistola automática con un peine de 20 tiros.
En el momento en que yo estaba sacando el arma, un hombre de la Federal me puso la pistola en la nuca y no me permitió moverme”.

Tras ser detenidos, fueron conducidos a la estación migratoria de la calle Miguel Schultz, para ser interrogados durante tres días por Gutiérrez Barrios, quien a la postre redactó el informe sobre la “conjura contra el Gobierno de la República de Cuba”.

Los rebeldes fueron liberados un mes más tarde y después de haber sido su captor, Fernando Gutiérrez Barrios se convirtió en su amigo.

Los incipientes revolucionarios continuaron sus preparativos para arribar a Cuba, por lo que se dieron a la tarea de conseguir más armamento y un barco que los condujera a la isla.

En busca de ambos, Castro contactó a Antonio del Conde, “El Cuate” -dueño de una armería en el centro de la Ciudad de México,- a quien había conocido casi desde su llegada al país un año antes, y con quien inició una larga relación de amistad.

Fue del Conde, quien vendió a Castro el yate “Granma”, a bordo del cual el 26 de noviembre de 1956, partieron Fidel y 81 hombres más, a su encuentro con la historia

 

 

1 Comentario

1 Comment

  1. maguitosifyl

    noviembre 28, 2016 at 9:08 pm

    Me parece interesante conocer algo que no sabia y con motivo de su fallecimiento me da la oportunidad de saber Algo que en mi infancia escuchaba en los noticieros de aquella epoca y ya veía como historia, gracias por este relato.

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