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Bienestar

¿Por qué las compras nos hacen felices?

Comprar cosas materiales o invertir en actividades recreativas podría ser la diferencia.

Por Iván Iglesias

 

Ante tiempos económicos difíciles, la gente busca alguna salida, aunque sea momentánea, hay quien compra y hay los que viajan, pero la pregunta es ¿quién resulta sentirse más feliz? Para resolver esta duda cuatro investigadores realizaron estudios al respecto.

Un estudio realizado por las investigadoras Aaron Weidman y Elizabeth Dunn, en la Universidad de British Columbia concluyó que comprar no sólo nos causa satisfacción en el momento, sino que contribuye a la felicidad a largo plazo, incluso más que las experiencias divertidas; aunque éstas también producen cierto grado de felicidad, el impacto sobre las personas es menor que en quienes adquieren algún bien físico, sea grande o pequeño.

Los investigadores pidieron a varias personas que llevaran un registro de sus sensaciones cinco veces por día luego de haber realizado compras materiales como ropa, una computadora, fragancias o algún gadget. Asimismo, se les pidió volver a expresar sus sensaciones un mes después.

Los participantes también dispusieron su dinero en compras que significaban una experiencia, como por ejemplo, entradas para un concierto, ir a un spa, salir con amigos un fin de semana, viajar con la pareja a algún sitio soñado, entre otras. Al igual que con el caso de los gastos en objetos tangibles llevaron un registro a corto, mediano y largo plazo.

Weidman y Dunn analizaron todos los datos entregados para comprobar o desbancar el mito acerca de qué tan felices nos hacen las compras materiales versus el gastar en experiencias. El resultado fue el siguiente:

El gastar dinero en una experiencia resultó ser tomado por algo intangible. Así, el adquirir entradas para un concierto o ir a la playa traía un tipo de felicidad muy intensa, pero momentánea y que quedaba guardada solamente como un recuerdo agradable. En cambio, las compras materiales extendían la sensación de alegría.

Quienes compraron diversos bienes materiales no sintieron esa felicidad intensa, pero sí la producían de manera inmediata y con el paso de los días volvían a sentirla de manera renovada. Las compras al ser tangibles físicamente volvían a evocar la sensación de felicidad incluso pasados 30 días.

Los investigadores de la Universidad de British Columbia creen que la felicidad extensa causada por compras materiales se debe tanto a la anticipación por tener un objeto determinado como también al satisfacer un deseo, y si a eso le sumamos la presión que existe por gastar dinero, el hacerlo les provocaba una satisfacción plena.

El lado B

Los investigadores estadounidenses Leaf Van Boven y Thomas Gilovich realizaron una investigación cuyo resultados difieren con la hipótesis de Aaron Weidman y Elizabeth Dunn.

El profesor de psicología de la Universidad de Cornell, Thomas Gilovich, afirma que cuando compramos objetos sentimos satisfacción, pero que ésta tiene fecha de caducidad. Y cuando nos acostumbramos a esa felicidad, con el tiempo ese encanto se va perdiendo; es decir, a largo plazo, la satisfacción de haber comprado ese bien material se pierde en la bruma mental y en el asalto de otros estímulos por comprar algo novedoso y fresco.

Por tanto, para Gilovich lo que realmente nos hace felices es gastar el dinero en experiencias como viajar, practicar algún deporte, comer en un restaurante, asistir a un evento especial, etcétera.

Con el fin de comprobar su hipótesis, Gilovich realizó un estudio en conjunto con Leaf Van Boven, siendo el medio especializado en investigación, Science Daily, quien recogió las conclusiones de ambos investigadores.

Todo empezó con una encuesta nacional dirigida por Harris Interactive on behalf of Northwestern Mutual Financial Network, en la que participaron más de 12 mil ciudadanos americanos. Leaf Van Boven descubrió que lo que les hacía más felices a estas personas no era la adquisición material de un producto en sí mismo, sino invertir en una experiencia.

En un segundo estudio de seguimiento, donde participaron estudiantes universitarios, Van Boven llegó a la siguiente conclusión: los sentimientos de los estudiantes eran más positivos cuando pensaban en invertir en experiencias que cuando realizaban una compra material. Este segundo estudio fue publicado por la revista Journal of Personality and Social Psychology, en donde su colega Thomas Gilovich (también participante) consignó la metodología:

“Se reunieron dos grupos aleatorios con los estudiantes universitarios; a uno se le indicó que pensara en objetos comprados recientemente y al otro que contara una experiencia por la que tuvieron que pagar y que hubieran vivido de manera reciente.

“Al principio, el nivel de satisfacción era el mismo tanto para un grupo como para el otro, pero a medida que avanzaba el tiempo, la satisfacción que venía de la compra de objetos materiales bajaba, algo que no ocurría con la satisfacción de la experiencia, la cual subía. Por tanto, las experiencias daban más felicidad a corto y largo plazo, mientras que los objetos sólo a corto plazo.”

A decir del especialista Gilovich, el motivo por el que ocurrió esto era porque siempre retenemos más en nuestra memoria aquello positivo que vivimos. Por ejemplo, tal vez nosotros ya olvidamos las circunstancias cuando adquirimos una motoneta Triumph nueva; sin embargo, recordamos vívidamente la subida de adrenalina que sentimos al salir por carretera hasta el nevado de Toluca.

En definitiva, aunque un objeto dure más, las experiencias las sentimos como parte de nosotros durante mucho más tiempo. Además, otra razón por la que se demuestra que las experiencias generan más felicidad que los objetos es que cuando vamos a un restaurante o viajamos, lo hacemos acompañados y por tanto la sociabilidad, indiscutiblemente, nos hace sentirnos mejor.

“Compramos cosas para ser felices, y tenemos éxito, pero sólo por un tiempo. Las cosas nuevas son emocionantes para nosotros al principio, pero luego nos adaptamos a ellas”, explica, en declaraciones recogidas por la versión digital del diario Elite Daily.

En este sentido, Thomas Gilovich no critica la adquisición de determinados objetos como una forma de felicidad puntual, aunque sí cuando esta práctica es constante.

“No estoy diciendo que nunca se deba recompensar un par de semanas difíciles con un traje nuevo y una noche de fiesta, pero nuestras mayores inversiones deben ir hacia experiencias que produzcan recuerdos para toda la vida, en lugar de un elemento que va a perder su factor cool dentro unos meses”, concluyó.

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